domingo, 9 de marzo de 2014

WINE DAYS MALLORCA 2014.

WINE DAYS MALLORCA 2014 Biel Company (Conseller d'Agricultura), Mª Lourdes Picó (Presidenta CRDO Binissalem), Jeroni Salom (Batle de Binissalem), Antònia Martí (Regidora ajuntament Santa Maria del Camí), Tomeu Morro (Batle de Sencelles). Presentado en rueda de prensa el 5 de marzo de 2014 en C/ Celler del Rei, 9. Binissalem. Wine days Mallorca, es un proyecto organizado e impulsado por la Denominación de Origen Binissalem para promocionar el enoturismo en nuestra comarca. La acogida de este proyecto en la comunidad vitivinícola de Binissalem ha sido absoluta y entusiasta. Cuenta con la participación de todas las bodegas de la DO Binissalem, de los 5 ayuntamientos de la comarca, la universidad de las Islas Baleares (UIB), la Escuela de Hosteleria IB, L’Acadèmia de la Cuina i del Vi de Mallorca, Fundación Palma 365, Casa Museu Llorenç Villalonga, Ca s’Apotecari, IB3, Chefs(in), Mallorcawinetours, Mallorca rutes, Productos de calidad de las IB, artistas, restauradores, etc…. Wine days Mallorca, es un proyecto ambicioso cuyo principal objetivo es dinamizar el territorio de la DO Binissalem, para ofrecer una oferta turística interesante y desestacionalizadora, en el que todo el mundo participe, y se promocionen todos aquellos tesoros que están en el interior de nuestra isla. Wine days Mallorca, tendrá lugar del 10 al 18 de mayo en los 5 municipios que conforman la DO Binissalem, Santa Maria del Camí, Consell, Binissalem, Santa Eugènia y Sencelles. Wine days Mallorca, ofrece nueve experiencias en la DO Binissalem: Bodegas y vinos, paisaje de viñedos, gastronomía, pueblos, ferias y mercados, descanso, conciertos, cultura popular y exposiciones. Durante 9 días, se podrá disfrutar de una oferta de actividades múltiple: Visitas a bodegas, catas y degustación de vinos, rutas por los viñedos y senderismo en la Sierra de Tramuntana, oferta gastronómica, rutas guiadas por el patrimonio histórico de los pueblos, mercados, alojamiento, conciertos, cultura popular y exposiciones de arte. La Feria Wine days, se celebrará el sábado 10 y domingo 11 de mayo, dentro de los actos inaugurales, en la plaza de la Iglesia de Binissalem. En ella participarán las bodegas de la DO Binissalem, Zona vitivinícola de Pfalz (Alemania), productos de calidad de las Islas Baleares, artesanos, jóvenes diseñadores, restauradores… y el concierto de Jaime Anglada con orquesta (temposinfónico). La difusión de este proyecto se ha iniciado ya, en Neustadt (Alemania), Touroperadores asistentes al II Foro de Gastronomía y Turismo, Madrid Fusión, World Travel Market, Diada de les Illes Balears, ITB Berlín y en breve, en la MITT de Moscú. Wine days Mallorca, es un proyecto organizado por la Denominación de Origen Binissalem con el apoyo económico del Fogaiba (Conselleria d'Agricultura del Govern Balear) con fondos europeos del plan de desarrollo rural.

50 vinos más ‘rompedores’ para conectar con nuevos consumidores.

Alimentaria identifica a los 50 vinos más ‘rompedores’ para conectar con nuevos consumidores  Publicado el 25 Febrero 2014 Por SeVi. Conectar con jóvenes, mujeres y consumidor ocasional es clave para recuperar el consumo interno. FOTO: Alimentaria. (photo: ) Conectar con jóvenes, mujeres y consumidor ocasional es clave para recuperar el consumo interno. FOTO: Alimentaria. Listado completo en pdf adjunto. El espacio de cata Vinorum de Alimentaria, salón internacional que se celebra del 31 de marzo al 3 de abril en Barcelona, descorcha este año los 50 vinos de bodegas españolas más rompedores del momento. Se trata de vinos innovadores, frescos, alternativos y asequibles (precio de venta al público inferior a 10 euros), pensados para conectar con nuevos consumidores y despertar el interés de los jóvenes hacia esta bebida. Un comité de cata formado por enólogos, distribuidores, propietarios de negocios online y blogueros ha seleccionado la carta de vinos de este Vinorum. Las DD.OO. más representadas son Rueda, Penedès y la I.G.P. Vinos de la Tierra de Castilla León. Con esta selección, que puede consultarse íntegramente en www.sevi.net, se pretende llamar la atención del sector sobre la necesidad de actualizar la comunicación sobre el vino, haciendo que el consumidor perciba que hay vinos para cada día, para disfrutar y compartir buenos momentos. Para ello, esta selección se presentará en Alimentaria 2014 a compradores y prescriptores, principalmente la distribución, el comercio especializado y el canal horeca. Los elegidos rompen moldes en diferentes aspectos, bien por imagen y packaging, otros se posicionan con un estilo desenfadado para ser disfrutados en compañía. También hay vinos pioneros que marcan una nueva era en cuanto a legislación vinícola, como aquellos productos con tan solo un 8% de alcohol. En la selección no faltan los vinos ecológicos y biodinámicos que siguen la nueva tendencia de la vinicultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Ligado a este aspecto, se suman vinos auténticos que apuestan por el terruño y recuperan variedades autóctonas. Además, dentro de estos vinos rompedores, hay elaborados que buscan la singularidad, explicando historias únicas, defendiendo causas o destacando valores universales. Promover el consumo interno Desde el año 2000, el consumo per cápita de vino en España ha descendido un 4,6% de media anual, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Si entonces los españoles bebían 34,9 litros por persona y año, hoy la cifra se sitúa en los 19,9 litros. Muy por debajo de los 50,5 litros de Luxemburgo, los 47,7 de Francia, los 42,5 de Portugal o los 37,1 de Italia. Conectar con los jóvenes (de 19 a 35 años) y las mujeres es clave en la recuperación del consumo, así como saber acercarse al consumidor ocasional y al aficionado al vino abierto a nuevas tendencias. El enólogo y coordinador del comité de cata de Vinorum, Lluís Manel Barba, augura que estos vinos tendrán un importante desarrollo en los próximos años. “Hay segmentos de mercado que demandan vinos diferentes, que tengan una buena relación calidad precio y que hagan un guiño a los consumidores más jóvenes. Las empresas vinícolas se han lanzado a exportar para mantener sus ventas, pero también quieren recuperar el mercado de proximidad”, asegura Barba. A su juicio, “se ha de desmitificar el carácter elitista y la imagen clásica del vino que pasa desapercibida para el nuevo consumidor, generando en ocasiones rechazo”. De ahí que haya que atreverse a innovar en nombres, etiquetas y packaging para captar la atención del público y convencerle también con precios asequibles. “Una vez comprado, el vino ha de tener buenos aromas, mucha fruta, un buen paso por boca. Deben ser vinos agradables y fáciles de beber, lo que en Francia se denomina vinos de sed”, dice el enólogo, justificando así el lema de este Vinorum: “Sed de vino”. Mercado nacional y exportación La mayoría de los vinos seleccionados en Vinorum son de pequeñas bodegas y nuevos productores que están cambiando la comunicación del vino y que están pensados indistintamente para el mercado interior y para la exportación. No obstante, según Barba, “para las grandes compañías, los cambios son más lentos pero también se apuntan a esta tendencia en alguna de sus producciones”. El quid de la cuestión está en “cómo conseguir que el vino sea una bebida cool, pero no snob”, concluye Lluis Manel Barba. El espacio Vinorum estará ubicado en “The Alimentaria Experience” en el Pabellón 6 del recinto ferial Gran Via de Fira de Barcelona. Los visitantes podrán servirse directamente los vinos que quieran probar mediante los dispensadores automáticos.Todos los vinos seleccionados proceden de bodegas expositoras en Alimentaria 2014. Los 50 Rompedores Vinos Blancos 1 AA PANSA BLANCA 2013 ALTA ALELLA 2 ABADAL PICAPOLL BODEGAS ABADAL 3 CALCARI PARÉS BALTÀ 4 CARLES ANDREU PARELLADA 2013 CELLER CARLES ANDREU 5 CASTILLO DE MONJARDÍN CHARDONNAY FERMENTADO EN BARRICA 2010 CASTILLO DE MONJARDÍN 6 DNA DE MURVIEDRO FASHION ALBA MURVIEDRO 7 HIRUZTA HIRUZTA 8 KENTIA 2012 OROWINES, S.L. 9 LAS MULAS SAUVIGNON BLANC MIGUEL TORRES CHILE 10 LUNA BEBERIDE GODELLO 2013 LUNA BEBERIDE 11 MESTIZAJE BLANCO BODEGA MUSTIGUILLO, S.A. 12 PALOMO COJO 2012 ÁLVAREZ Y DÍEZ 13 PETIT BERNAT BLANC 2013 HERETAT OLLER DEL MAS 14 SEDUCCIÓN 2012 BLANCO SEMI-DULCE BODAGAS SAN PRUDENCIO, S.A. 15 TERRA RUBIA GODELLO & TREIXADURA GARGALO, S.L. 16 TERRIBLE RUEDA VINOS TERRIBLES 17 THE FLOWER AND THE BEE COTO DE GOMARIZ 18 VÍA EDETANA BLANC EDETÀRIA, S.L. 19 XION ATTIS BODEGAS Y VIÑEDOS, S.L. Vinos Tintos 1 13 CANTAROS NICOLAS 2012 BODEGAS CESAR PRINCIPE - LAS NIEBLAS SAT. 2 ABADENGO JUAN GARCÍA ROBLE BODEGAS RIBERA DE PELAZAS, S.L. 3 BLAU 2012 CELLERS CAN BLAU 4 BOBAL ICON 2012 PAGOS DE FAMILIA VEGA TOLOSA 5 CASA CASTILLO MONASTRELL 2012 PROPIEDAD VITICOLA CASA CASTILLO 6 CRASH RED PAGO LOS BALACINES 7 DÈRIA 2011 LA CONRERIA D'SCALA DEI, S.L. 8 DRAC MAGIC NEGRE 2012 TOMÀS CUSINÉ 9 EL ARTE DE VIVIR BODEGAS Y VIÑEDOS NEO 10 EL CASTRO DE VALTUILLE JOVEN BODEGAS Y VIÑEDOS CASTROVENTOSA, S.L. 11 EL MARCIANO ALFREDO MAESTRO TEJERO 12 ESTAY DOMINIO DOS TARES 13 JABALÍ / AGOSTÓN BODEGAS PANIZA S.COOP. 14 LAYA 2012 BODEGAS ATALAYA 15 MILÚ QUINTA MILÚ 16 MÍSTICOS 2011 BODEGA SAN GREGORIO 17 NAVALEGUA BODEGAS ZIRIES 18 R&G 2010 ARAEX 19 SEIS DE LUBERRI 2011 FAMILIA MONJE AMESTOY 20 SOSPECHOSO DOMINIO DE EGUREN 21 TINTORALBA ECOLÓGICO TINTORALBA 22 TOCAT DE L'ALA 2012 COCA I FITÓ & ROIG PARALS 23 TREINTA MIL MARAVEDÍES BODEGA MARAÑONES Vinos Rosados 1 BESO DE VINO GRANDES VINOS Y VIÑEDOS, S.A. 2 ROSA DE AZUL Y GARANZA AZUL Y GARANZA 3 ROSA STARS ROSADO BODEGAS GARCÍA DE ARANDA, S.A. Vinos Espumosos 1 COLET A PRIORI BRUT COLET VITICULTORS, S.L. 2 LA NANSA PINORD 3 LLOPART ROSÉ BRUT LLOPART 4 PETIT ALBET BRUT ALBET I NOYA 5 SECRET MOMENT FRIZZANTE DE VERDEJO, BAJO EN ALCOHOL BODEGAS COPABOCA Se puede ampliar la información en la página web del salón internacional Alimentaria: www.alimentaria-bcn.com

domingo, 23 de febrero de 2014

C.R.D.O. PENEDES EN ESTADO PURO.

Como ya viene siendo habitual en los últimos años el C.R.D.O. PENEDES presentara sus nuevas añadas el próximo 17 de Marzo de 2014 en el Hotel Valparaíso de Palma de Mallorca.

CONCURSO MEJOR SUMILLER DE ESPAÑA EN CAVA EN MALLORCA.

El Proximo Martes dia 4 de Marzo de 2014, se celebrara el 1er. CONCURSO MEJOR SUMILLER DE ESPAÑA EN CAVA en Mallorca, en un lugar céntrico de Palma. La participación esta abierta a todos aquellos profesionales de hostelería dedicados al servicio de vino, alumnos de escuelas de hostelería y/o cursos de sumilleres y sumilleres de tiendas especializadas.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Enamorados del riesling.

Dicen que los vinos guardan cierto parecido con quienes los elaboran. Que los hay expansivos, generosos, tímidos, altivos, sensuales, escandalosos y hasta egocéntricos. Egon Müller IV, bisnieto del primer elaborador de los más apreciados blancos dulces del mundo es alto, elegante y tan prudente que más que hablar susurra… como los sutiles y exquisitos riesling que dan los viñedos en la inclinada ladera que descansa frente a su casa. Nació en el 59. Gran año, caluroso y seco, que aportó madurez y escasa acidez a unas botellas que hoy guardan como joyas. Josep Roca, el mediano de los hermanos de El Celler de Can Roca (Girona), ascendido este año a segundo mejor restaurante del mundo en la lista de Restaurant que encabeza el danés Noma, es uno de los sumilleres más reconocidos y tal vez quien desde España mejor conoce y más ama los grandes vinos alemanes. El encuentro entre ambos se produce a finales de septiembre, un día especial para los grandes elaboradores de Saar, Ruwer y Mosela que ultiman los detalles para llevar sus mejores botellas a la cata que precede a la subasta anual, que se celebrará al día siguiente en Trier, la ciudad en la que nació Karl Marx. El Magazine acompaña a Josep Roca en su visita a la vieja mansión de los Müller, en el valle del Saar, donde han preparado una barbacoa que el elaborador y su esposa ofrecerán a un reducido grupo de invitados. El anfitrión ha cambiado su atuendo clásico por unos vaqueros y un polo de amplias rayas, sin despojarse de una rigidez que en su caso es más de hombre tímido que altivo. Serpenteante como el cercano Mosela –uno de los afluentes del Rin–, que aparece y se oculta entre un paisaje verdísimo de suelos pizarrosos, así transcurre la charla entre Roca y Müller, a quien no le gusta ser el centro de atención en la mesa. Entre jugosas piezas de carne y vinos sabrosos –Roca acierta elaboradores y añadas sin ver la etiqueta–, empiezan comentando la relación entre la cocina creativa y el vino. “Creo que la gastronomía puede ser un ejemplo, porque en la cocina se están haciendo cosas que jamás se habían hecho –afirma Müller– y eso ha abierto nuevas posibilidades para experimentar”. Pero en el terreno de los vinos, el alemán no tiene tan claro que se deba probar siempre y en cualquier lugar. “Me parece muy divertido observar qué vinos pueden responder a la nuevas prácticas”. Sabe el sumiller que cuando su interlocutor se refiere a métodos experimentales no piensa en las tierras donde nacen los grandes clásicos, sino en los nuevos paisajes del vino. Müller le cuenta que habrá dos líneas en el futuro: “Las zonas históricas van a volver al purismo de donde venían, y las emergentes van a experimentar más y más, ya veremos con qué resultado. Allí está más aceptada esa experimentación por parte de los clientes, porque no cuentan con claras referencias. Quienes buscan los pagos históricos no admitirían tantas pruebas. Yo pienso que habrá dos líneas con dos clientelas distintas”. Reflexionan ambos sobre la capacidad de la gastronomía para investigar sobre cómo mejorar el sabor en los productos, e intentar buscar más pureza y sacar el máximo partido desde el conocimiento y la ciencia aplicada en la cocina. Observa Roca que actualmente la gastronomía va por un lado y la enología –sobre todo en España– va por otro. “Por un lado, la cocina busca la pureza, la ligereza, la liviandad, el concepto dietético, y en el vino se busca igualmente la pureza, pero también peso, madurez, contundencia, densidad en boca, persistencia. Se quiere que el vino se alargue mucho en el paladar. Probablemente la cocina que estamos haciendo ahora necesita vinos mucho más frescos, más ligeros, que buscan esa pureza pero también una agilidad en boca. Por suerte, ya hay signos de cambio y esperanza en esa búsqueda”. Ambos están de acuerdo en que lo importante ocurre en el viñedo. Confiesa Müller que para él la vendimia es el momento más importante del año y también el que aporta mayor emoción. “El viejo propietario de una bodega muy reputada de Alsacia, Hugel, suele decir que el 95 por ciento de la calidad depende de la cosecha. Yo quizás no llegaría a un porcentaje tan alto, pero creo que hay mucha verdad en esa afirmación. Es el momento en que como productor tu trabajo tiene más influencia sobre el producto, el momento en que mueves más parámetros. Durante el resto del año hay mucha parte en la que interviene la naturaleza pero tú no puedes influir”. Josep Roca está de acuerdo. Él cree que debería haber menos orgullo concentrado en los vinos y un discurso más sincero y más ágil. “A veces en España tienes la sensación de que estamos siendo los pioneros en otra novedad en la enología que es la arquitectura, que no es menos interesante, pero yo preferiría que ese dinero que se invierte en ella se lo gastaran en mano de obra para el viñedo, que invirtieran en personas con capacidad y talento. Probablemente, eso daría como resultado vinos mucho más interesantes. Decíamos que el 95 % de la importancia del vino está en el viñedo, y en España a veces damos un paso en falso. Cierta adolescencia conceptual nos lleva a buscar más esa parte de la inmediatez, esa espectacularidad de lo físico y no de lo interno, lo profundo y lo de raíz, que, en este caso, es la uva como un transmisor del estilo de vino. Necesitamos más jardineros y una sensibilidad ante el cambio climático para poder interpretar el paisaje soñado”. Müller aprendió de su padre que no hay que hacer todos los negocios. Sabe que el suyo es un mundo que requiere infinita paciencia y reflexión. La conversación deriva al terreno de las levaduras, un tema que ambos creen que protagonizará uno de los grandes debates en el futuro entre los expertos. Roca tiene curiosidad por saber qué opina su interlocutor sobre las levaduras indígenas y las levaduras seleccionadas por el hombre. Este asegura que no es dogmático. “Por intuición prefiero la levadura autóctona, por supuesto, pero no siempre es posible utilizarla. En Alemania, como en otros países, van a dominar las levaduras de cultivo, pero los vinos de alta gama se van a orientar cada vez más a la levadura propia. La distancia entre unos vinos y otros será mayor”. El sumiller está de acuerdo con el elaborador. “Creo que hay un mercado que asumirá riesgo para buscar más pureza pero con mucha autenticidad en el trabajo en la viña y por otra una seguridad, un control, un rigor, para poder llegar a un mercado mayor pero con un sentido de un gusto menos conducido”. En la bodega de Egon Müller, pegada a la casa familiar, las barricas se usan sólo como un conservante, de manera que aporta calor pero no altera el sabor del vino. Cuenta Müller que un tiempo atrás la gente que tenía dinero compraba cada año toneles nuevos para evitar el gusto a madera vieja mala. “No buscaban dar un sabor nuevo, sino tapar el malo. El segundo paso fue empezar a buscar las virtudes de eso. El pionero fue el americano Robert Mondavi, que quería promocionar un nuevo estilo. Y lo que empezó como una anécdota, como una cosa más, se ha puesto de moda como única forma de envejecer, como algo casi obligatorio. Ese ha sido, para mí, el fallo”. Tal vez, opina Josep Roca, los elaboradores se hayan fijado mucho en Burdeos para hacer vinos de calidad cuando deberían haberse fijado más en Borgoña. “Han dado mucha relevancia al roble, a una maceración, a una concentración, con mucho peso de pigmentación y probablemente se han olvidado de la esencia del trabajo más borgoñés. Del pequeño artesano, de la atención al viñedo y la obsesión por transmitir el valor de la tierra e interpretar la parte por encima del todo”. Le cuenta Josep Roca que en España hay interés por buscar otras maneras de vinificar y de envejecer que no den tanta importancia a la madera y renacen otros elementos que estaban olvidados, como por ejemplo, la fermentación en cemento. Son técnicas sobre las que el alemán confiesa que no tiene experiencia. Ambos comparten la idea de que la última revolución está en la viticultura ecológica. Quiere saber Roca qué opina sobre biodinámica y sostenibilidad el hombre que elabora uno de sus vinos favoritos. “Aquí estamos en un sitio especial. Cuando yo asumí la responsabilidad ya estaba todo en orden, pero en esa época en otros sitios se imponía la química. Yo he tenido la suerte de heredar unos viñedos bastantes sanos, y en los veinte años que llevo al frente sólo una vez tuve que utilizar herbicidas y nunca hemos aplicado nada para impedir la botritis. Por lo tanto, aquí nunca ha habido un cambio radical. Este ha sido el primer año en que todas las aplicaciones en el viñedo han sido por completo ecológicas”. Asegura Müller que tiene colegas franceses que han recurrido a la biodinámica porque las cosas no les iban bien, pero ese no fue su caso. “Ellos tuvieron que actuar y ahora notan la diferencia. Yo estoy seguro de que si de repente aplicara una biodinámica radical, el vino no cambiaría apenas porque la diferencia no sería tan grande como cuando se aplica en zonas donde habían cometido crímenes con el viñedo”. Algunos grandes vinos como Müller o Romane Conti, hace años trabajan con ese criterio de una forma natural con la intención de beneficiar al viñedo. Pero Josep Roca sabe que durante muchos años y en muchas zonas no ha ocurrido lo mismo. “Creo que ahora hay una revolución en la que a veces te asusta la incidencia del marketing, me disgusta que se use el concepto ecológico para vender. Hay que ver lo que hay de verdad y eso es urgente y vital para poder ofrecer vinos con más autenticidad”. Puede que la geografía de los grandes vinos esté cambiando. Pero por el momento, ambos sitúan la Borgoña como el paraíso de los tintos extraordinarios. A la pregunta de qué tiene un gran blanco que nunca pueda alcanzar el mejor tinto, Müller responde con una sola palabra: azúcar. ¿Algo más? “Lo que pasa es que no existen grandes tintos dulces”. Mientras corta un pedazo de uno de los pasteles que ha preparado Valeska, la esposa de Müller, que hoy celebra su cumpleaños, comenta el sumiller el gran progreso que se ha hecho en España con los blancos durante la última década. Müller confiesa que no los conoce bien y por ello no se considera capacitado para valorarlos. Sólo ha oído que los albariños están de moda. Se alarga la sobremesa hablando sobre las zonas en las que se están haciendo blancos interesantes. Llega la hora de ir a la cata y Müller desaparece discretamente para regresar unos minutos después, con traje y corbata. Preside la VDT, la asociación de viticultores de la zona, y ha de ser el primero en llegar a la cata a la que acudirán expertos de todo el mundo. Al día siguiente, se celebra la subasta anual de los vinos de Mosela. Las mayoría de las botellas que salen son de la cosecha del año anterior. Y aun así alcanzan precios muy elevados. La más cara de todas será, sin duda, una de las que ha elegido Egon Müller. Se trata de un lote de 18 botellas del 99 que se venderá al precio de 4.300 euros cada botella. Al atardecer, Josep Roca regresará a la mansión de los Müller. Es el momento de celebrar con un reducido grupo de amigos y distribuidores el éxito de la subasta y, mientras el sol se oculta tras los viñedos, los invitados brindan con champán antes de pasar al comedor. Durante la cena informal, que los propios comensales se sirven, Müller se muestra más relajado que el día anterior. De vez en cuando abandona discretamente el comedor en busca de una botella de su bodega. Se emociona Roca cuando prueba un Müller del 59, el año del nacimiento del alemán. Habla de pureza y tensión .“Es uno de los grandes vinos que he tenido la suerte de probar en mi vida”. Pregunta la periodista a Müller de qué año es el último vino que está a punto de descorchar. “¿Usted que cree?, interpela el anfitrión. Ante la mirada fija de Müller, un breve silencio y una respuesta firme: “1971”. Müller sonríe satisfecho al comprobar el acierto. Le ha pasado inadvertido el cruce de miradas y el gesto casi imperceptible en los labios del sabio sumiller.

sábado, 23 de noviembre de 2013

La rebelión de los blancos.

El blanco también existe. Es un vino, no un zumo ligero, afrutado, perfumado y barato; elaborado sin ambición ni orgullo; sin sabor ni cuerpo; condenado a ser ingerido joven y fresquito en el aperitivo o predestinado al anonimato de la venta a granel. Un blanco puede tener la grandeza de un tinto. Ser el resultado de uvas milenarias, originales y nobles. Estar elaborado con pasión y sabiduría. Alcanzar los mismos precios en el mercado. Y similares calificaciones de los gurús. Aspirar a la trascendencia. Y décadas después de embotellados, dar todavía mucho de sí. Asumiendo el papel de memoria viva de un lugar y una época. Solo hay que probar una copa de Viña Tondonia, uno de los top de La Rioja, 20 años envejeciendo entre la barrica y la botella, para comprenderlo. La prueba más evidente de ese paso adelante en el prestigio de los blancos es el cada vez más elevado consumo que se hace de ellos en algunas regiones del planeta, principalmente en el nuevo mundo, en Australia y Nueva Zelanda, donde es mayoritario. O incluso en Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, donde se acerca al 50%. En España, un país en el que la relación de ventas frente al tinto es aún del 24%-69% (el resto corresponde al rosado), sin un Vega-Sicilia dorado cuya fama haya abierto las puertas al resto de bodegas, el blanco ha sido el hermano pobre de la viña. Y, por si fuera poco, acreedor de una extensa leyenda negra. Ese pliego de cargos se expresaba así: eran vinos inferiores y femeninos; meros teloneros de un gran tinto; provocaban ardor de estómago, dolor de cabeza, y había que tomarlos fríos para soportar sus fallos; no valían para largas crianzas; su acidez era sinónimo de defecto (cuando es la columna vertebral de su finura). Pedir un blanco en un restaurante, que no fuera cava o jerez, suponía aparecer como un profano. La sabiduría popular proclamaba su desprecio en este proverbio: “El mejor blanco, un tinto”. En Australia y Nueva Zelanda ya se beben más blancos que tintos. En Inglaterra y EEUU la proporción se al 50%-50 Ese era el desolador panorama de nuestros blancos hasta que a finales de los noventa se inició en todo el país, de forma simultánea pero no coordinada, sin referencias, por generación espontánea, lo que la viticultora catalana Sara Pérez define como “una revolución silenciosa”. Mucha gente del vino (recién llegados con un par de hectáreas y también elaboradores de generaciones con centenares) iba a apostar con paciencia por los blancos. Desde Tenerife hasta Gipuzkoa; desde Granada hasta Ourense; desde el Pirineo leridano hasta León. Nadie sabe explicar dónde y en qué momento saltó la chispa. Era una reivindicación de lo propio. “El vino es para nosotros una obsesión, no una profesión”, define el viticultor riojano Benjamín Romeo, padre de blancos tan potentes como Qué Bonito Cacareaba, en su tierra, y Macizo, en el Garraf, en Cataluña. “Y por eso, a veces, nos movemos por criterios inexplicables, más cerca del corazón que de la cabeza”. La clave no era forrarse, sino reivindicar un modelo; no tanto hacer grandes blancos como grandes vinos. Trabajar sin complejos. Invertir el refrán anterior y hacer que el mejor tinto fuera un blanco de guarda. “Revalorizar un patrimonio que estaba escondido”, explica Josep Roca, el vértice de la bodega dentro del triángulo de El Celler de Can Roca, el mejor restaurante del mundo, “a base de inquietud, experimentación y osadía. El resultado han sido blancos como nunca. Históricamente estaban hechos con nula ambición y orgullo. Las bodegas se planteaban su gran vino como tinto y después, a toda prisa, se hacían blancos desde la pequeñez. Hoy, una cocina fresca, pura y liviana necesita la diversidad de blancos que comenzamos a disfrutar en España”. En ese movimiento espontáneo, la cuestión no era el color del vino; lo importante era la forma de elaborarlo. Es lo primero que ha cambiado. Utilizando todo el conocimiento atesorado en las tres últimas décadas prodigiosas del vino español y también el recuerdo de cómo se trabajaba la viña antes de que surgieran los tractores y los pesticidas. De hacerlo de una forma más íntima. Huyendo de modas. Buscando una mayor diversidad de aromas y sabores. Centrándose en el viñedo. De una manera menos intervencionista e industrial; respetuosa con la tierra; recalando en los parajes áridos y remotos donde ancestralmente brotaron las mejores uvas; produciendo menos. Y, lo que es más importante, redescubriendo uvas autóctonas olvidadas hasta su extinción por la viticultura comercial, que apostó a partir de los sesenta por plantar variedades foráneas, más fáciles de cultivar y de mayor rendimiento. En ese movimiento espontáneo, la cuestión no era el color del vino; lo importante era la forma de elaborarlo. Es lo primero que ha cambiado. En España, el mayor viñedo del planeta (1,2 millones de hectáreas), lo importante era el número de kilos de uva, no la calidad de las mismas. Al final iban a la misma tolva. Dos grandes viticultores, Enric Soler, en el Penedés (Barcelona), y Raúl Pérez, en el Bierzo (León), realizan la misma reflexión en torno a esas uvas que llegaron de fuera: “Para qué hacer aquí un vino con uva chardonay si nunca vas a hacer en España el mejor chardonay del mundo. Hoy, en los mercados, se apuesta por la originalidad, la personalidad, la identidad. Si hacemos un blanco con godello o xarel·lo, puede ser el mejor del mundo. Y cobrarlo en consecuencia”. En los seis primeros meses del año, España ha exportado vino por valor de más de mil millones de euros, frente al descenso del consumo nacional, estancado en 15 litros por habitante (en comparación a los más de 40 de Francia o Italia). Vender diferencia no parece una mala estrategia para salir adelante. De esa fiebre por recuperar ha surgido la reivindicación de uvas tan ancestrales como las verdejo, godello, treixadura, albariño, loureiro, macabeo, xarel·lo, picapoll, garnacha, viura, malvasía, maturana o turruntés, denostadas durante el desarrollismo. Que han dado vida a unos vinos blancos tan dispares como los que surgen de cada zona climática de la Península (los continentales, con fibra y cuerpo; los mediterráneos, opulentos y florales, y los atlánticos, frescos y equilibrados). Vinos con las notas distintivas de cada altura, orientación, composición del suelo, fauna, flora, levaduras autóctonas y añada. Vinos con alma. Los nuevos blancos españoles, y también los escasos grandes clásicos que pocos conocían (y pagaban), han salido del armario. Han llegado para quedarse. Son caros, algunos alcanzan 200 euros fuera de España; tienen tiradas limitadas y hay bofetadas para hacerse con ellos. Este es el diario de un viaje en busca de esa mina de oro. Adentrarse en la provincia de Valladolid supone adentrarse en Rueda, la tierra de la verdejo; la denominación de origen con la mayor cuota de mercado de los blancos que se consumen en España Partimos del centro. Sorteamos Segovia y Ávila, donde comienzan a surgir blancos tan interesantes como los de Daniel Landi o el verdejo Ossian. Adentrarse en la provincia de Valladolid supone adentrarse en Rueda, la tierra de la verdejo; la denominación de origen con la mayor cuota de mercado de los blancos que se consumen en España, el 36%, seguido por Rías Baixas, con menos de un 12%, y el Penedés y La Rioja, con un 8% respectivamente. Cuando se constituyó esta denominación, en 1980, disponía de 250 hectáreas de viñedo. Hoy cuenta con 4.000. Hasta entonces, el verdejo se arrancaba. Hoy se venera. Su éxito comercial ha sido innegable. Sobre la excelencia de sus 60 millones de botellas habría mucho que hablar. Es la vieja fábula del vino español: del éxito a la superproducción y de ahí a la pérdida de calidad. El terreno es polvoriento bajo un sol de justicia. Nuestra cita es en La Seca. En la finca de Didier Belondrade, un francés que llegó aquí en 1994 y cometió la locura de comprar viña, recuperar el mejor verdejo y envejecer ese vino en barrica. Lo llamó Belondrade y Lurton. Se convirtió en el más caro. Abrió un camino. Un rueda podía ser grande. Hoy sienta a su mesa a Luis Hurtado de Amézaga, Ángel Rodríguez Vidal y Ángel Calleja. Componen el completo retrato de los blancos de Rueda. El primero de ellos es la enésima generación de hurtados al frente de Marqués de Riscal; una marca mítica riojana que aterrizó en Rueda a mediados de los setenta para hacer blancos. Y perdió dinero durante 15 años hasta que se pusieron de moda. En estos momentos produce 3,5 millones de botellas y comienza a apostar por blancos más sofisticados, como Viña Montico, con uva de una sola finca. El segundo, el octogenario Rodríguez Vidal, es la memoria del verdejo. Su familia vive del vino desde el XVIII. Hoy elabora 70.000 botellas inmaculadas de Martín Sancho que exporta en su totalidad. El tercero es el enólogo de la principal cooperativa de la denominación, que produce 17 millones de botellas. Reconoce que el futuro es hacer mejores productos, más personales y menos industriales; menos exóticos y perfumados. La conclusión de los cuatro es que hay que limitar los rendimientos; no plantar viña donde nunca existió y, sobre todo, cuidar la fama del verdejo. “De lo contrario, nos vamos a comer la gallina de los huevos de oro”. Nunca hubo grandes blancos en el Bierzo. En realidad, no hubo ni grandes blancos ni grandes tintos. Se plantaba y arrancaba y se volvía a arrancar según la cotización del mercado De Valladolid a León. Nunca hubo grandes blancos en el Bierzo. En realidad, no hubo ni grandes blancos ni grandes tintos. Se plantaba y arrancaba y se volvía a arrancar según la cotización del mercado. Y a la cisterna. A finales de los noventa, la familia riojana Palacios Remondo (Álvaro Palacios y su sobrino Ricardo Pérez) impulsó la revolución. Entre Villafranca del Bierzo y Cacabelos visitamos a dos personajes singulares que han apostado por los blancos. El primero, afincado en San Juan de Carracedo, es francés y se llama Gregory Pérez. Llegó a la comarca en 2003. En 2007 comenzó su propio proyecto, con dos blancos de godello y doña blanca, bautizados Mengoba y Brezo. Hace 60.000 botellas. Vende el 95% fuera. “Lo hacemos todo, en la viña y la bodega, mi mujer y yo. Todo. Cuando me dicen que mi vino es caro, les contesto que vengan a ver el esfuerzo de elaborar cada botella”. El segundo gran viticultor es Raúl Pérez, el hechicero del Bierzo, mientras vendimia en sus dominios en torno a Valtuille, su pueblo de 70 habitantes. Pérez, uno de los niños mimados de la crítica mundial, pare aquí cada año La Claudina, un blanco mítico y personal de godello, y tiene proyectos producto de su viticultura ácrata desde Galicia hasta Portugal y desde Chile hasta Sudáfrica. Nos lo volveremos a encontrar a lo largo de este viaje. Desde León, Galicia en busca del Sil. En esta región, donde se pasó sin escalas de una viticultura centrada en el consumo familiar, donde los vinos no se embotellaban y pocas veces se etiquetaban (más allá del Palacio de Fefiñanes), a las bodegas industriales, es donde de forma más evidente se ha materializado la revolución de los blancos en todas sus denominaciones: Rías Baixas, Ribeiro, Monterrei, Ribeira Sacra y Valdeorras. En esta última se vivió la resurrección de la godello a mediados de los ochenta de la mano de la familia Guitián. Sus blancos verían la luz 10 años después. Una parte de esos Guitián serían incluso envejecidos en barrica. Lo nunca visto. Un terremoto enológico. Atraído por aquella onda expansiva llegó hasta Ourense Rafael Palacios a comienzos de 2000. Era el padre de uno de los blancos más sorprendentes de La Rioja, Plácet. Buscaba territorios donde continuar su línea de modernidad. Hoy, en torno a la localidad de A Rúa, en Ourense, en sus pequeñas fincas colgadas sobre el río Bibei, elabora cuatro grandes: Bolo, Louro, As Sortes y O Soro. Ya son los más caros de esta tierra. Penetramos en la Ribeira Sacra, entre el Miño y el Sil; una zona a la que da nombre su pasado monástico. En estos cañones siempre hubo viñedo Con solo cruzar el río, penetramos en la Ribeira Sacra, entre el Miño y el Sil; una zona a la que da nombre su pasado monástico. En estos cañones siempre hubo viñedo. Se abandonó en los años calientes de la emigración durante el franquismo. Javier Domínguez, empresario textil y natural de Mendoia, se propuso hacer a finales de los noventa buenos vinos en estas laderas vertiginosas. Tenía los medios y la pasión. Empezó, como otros soñadores, comprando uva y en un garaje. Hoy, su bodega, Dominio do Bibei, en Argullo, es la más bella y humana de la zona. De ella nacen dos blancos de godello, albariño y doña blanca: Lapena y Lapola. “No había documentación ni bibliografía sobre cómo se había hecho aquí el vino ni cómo evolucionaban esas uvas. Trabajamos con prueba-error. Lo conseguimos. Nunca dejaremos este cañón”. De camino hacia Rías Baixas, a mitad de camino de Lugo y Ourense, en Pincelo, en la orilla del Miño, y en Sabariz, en las estribaciones del Ribeiro (donde Emilio Rojo y Luis Anxo Rodríguez están reinventando con sus blancos la denominación), tenemos cita con dos mujeres. La primera se llama Esther Teixeira, tiene 77 años, lleva una sencilla bata gris y apenas ha salido de su pueblo colgado sobre el Miño. La segunda, Pilar Higuero, es malagueña, tiene 52 años y un Porsche en la puerta de su bellísimo pazo, por donde corretean los perros, las ovejas y las gallinas. A primera vista, ambas tienen poco que ver. Sin embargo, las dos están volcadas en hacer vinos blancos de una forma limpia y natural hasta el extremo. Esther fue en 2000 la primera viticultora ecológica de Galicia. Pilar la siguió en 2009. Las llamaron locas. La primera elabora Diego de Lemos. La segunda, A Pita Cega, 5.000 botellas de un vino salvaje que huele y sabe a hinojo y anís. Esther habla con sus viñas. Pilar les pone música de Haendel y Bach. Las dos resultan estar muy cuerdas. Rías Baixas, una denominación siempre esquinada, lanzada al estrellato por la uva albariño en los noventa, contaba en 1988 con una docena de bodegas; hoy supera las 200 Meaño, entre La Toja y la Ría de Pontevedra, es la capital del Salnés, la subzona vitícola más poderosa de las Rías Baixas, una denominación siempre esquinada, lanzada al estrellato por la uva albariño en los noventa, que hoy corre el mismo peligro de macroproducción que Rueda. Contaba en 1988 con una docena de bodegas; hoy supera las 200. Rodrigo Fernández es el compañero de fatigas de Raúl Pérez (el viticultor del Bierzo) en sus juegos malabares para dar personalidad y magia a los vinos más atlánticos de España, a través de viñas viejas de variedades olvidadas. Elaboran juntos, a partir de las viñas del abuelo de Rodrigo y de otras justo a orillas del mar, sobre las que planean las gaviotas, blancos tan caros y complejos como el Sketch (envejecido bajo el Atlántico) y los Leirana, Goliardo, Cíes, A Telleira o Cos Pes. Más tarde cenaremos en La Toja, en D’Berto, con Eulogio Pomares, miembro de una de las grandes familias del blanco gallego Zárate, que elabora con albariño de fincas centenarias. Para Pomares, “hacer un buen vino supone tener una visión del mundo. Yo estoy volviendo hacia atrás, a como trabajaban nuestros abuelos. Al respeto extremo por la uva”. Cruzamos España. Primero, Lleida, Costers del Segre, donde triunfan Ramón Cusiné y Ramón Bobet. Después, el Penedés. El océano del cava. Doscientos millones de botellas al año. Desde mediados del siglo XX, todo ha estado supeditado en este territorio a los espumosos. Los agricultores buscaban los rendimientos más altos posible de sus viñas de las tres uvas destinadas al cava (xarel·lo, macabeo y parellada), para sobreponerse al bajo precio que los grandes productores pagaban por ellas. Nunca se hicieron vinos monovarietales. Muchas tierras seculares de viña fueron replantadas con variedades foráneas y frutales. Ese panorama se encontraron en 1996 Ramón Parera y Jordi Arnan. En el municipio de Torrelavit, ambos plasmaron su sueño de hacer grandes vinos con la olvidada xarel·lo. En viñas abandonadas durante la Guerra Civil y aplicando un cultivo ecológico al máximo. “Yo quería reivindicar esta uva”, explica Parera, “trabajar de una forma austera, rústica y simple; integrar el viñedo en la naturaleza. Nos decían que la xarel·lo no envejecía bien. El fallo estaba en cómo se trabajaba el viñedo”. Jordi y Ramón producen 35.000 botellas de sus blancos Pardas y Aspriu. Muy cerca, Enric Soler nos relata una historia de amor a esta tierra y esta uva muy similar, que intenta explicar a través de su blanco Nun Vinya dels Taus, “un vino imperfecto y del que me conozco cada cepa”. Soler trabaja desde 2004 un par de mínimas parcelas que fueron de su abuelo y de donde hoy salen 2.000 botellas muy cotizadas. El Priorato vivió a finales de los ochenta uno de los episodios más apasionantes del vino, cuando cinco iluminados lo convirtieron en uno de los puntos candentes del vino mundial El Priorato, al sur de Cataluña, vivió a finales de los ochenta uno de los episodios más apasionantes del vino, cuando cinco iluminados (Barbier, Pérez, Palacios, Pastrana y Glorian) convirtieron una tierra de tintos imbebibles en uno de los puntos más candentes del vino mundial. Hoy, la segunda generación de aquellos padres fundadores, en la que se encuentran, por ejemplo, Esther Nin y Dominik Hubert, están llevando a cabo su particular revolución de los blancos en esas mismas terrazas del Priorato y el Montsant. Su trabajo se ha centrado en otra uva redescubierta, la garnacha blanca. Probamos con la pareja Sara Pérez-René Barbier (hijos de aquella primera generación) un despliegue de blancos locales: Dido, Venus, Nelin, Camí Pesseroles, Antagonic y Les Cousins. Después le tocará el turno a Alfredo Arribas, un arquitecto que llegó de fuera para hacer tintos en el Priorato y se enganchó a crear blancos en la vecina Montsant. Hoy elabora Trossos Sants y Tros Blanc. Los locos del blanco tienen dos vinos riojanos de referencia, el Viña Tondonia y el Remelluri Muchos locos del vino que hemos ido encontrando en este viaje por España nos han mencionado que su pasión por el blanco tuvo su detonante en dos vinos de La Rioja: un clásico, Viña Tondonia, y un díscolo, Remelluri. Desde Tarragona hasta Haro solo hay que seguir el Ebro. El punto final de este periplo se encuentra entre Labastida y San Vicente de la Sonsierra. La Granja de Nuestra Señora de Remelluri, con sus raíces clavadas en la alta Edad Media y sus 100 hectáreas de viñedo propio, es, posiblemente, el dominio vitícola más bello y mágico de nuestro país, con su necrópolis del siglo X, la vieja ermita y la eterna sombra del pico Toloño, que otorga frescura y un toque atlántico a sus vinos. La última cita es en este paraje con Telmo Rodríguez (miembro de la familia propietaria del lugar desde 1967), María José López de Heredia (cuarta generación de la familia al frente de Tondonia) y Jesús de Madrazo (alma de Contino, una de las marcas que dinamizó La Rioja). La emperatriz López de Heredia nos confiesa el secreto de sus blancos: “No cambiar nada en 150 años; hacer las cosas como siempre”. Madrazo relata cómo apostó por un blanco de Contino, de viura, envejecido en barrica, contra viento y marea, cuando nadie en La Rioja creía en él. Y Telmo Rodríguez, que también elabora en Rueda (Transistor y Basa), Ribeira Sacra (Gaba do Xil) y Málaga (Molino Real), explica como el blanco de Remelluri nació a mediados de los noventa de su obsesión por explicar esta tierra; por materializar en un vino el alma del lugar. “Y hoy ese blanco es el vino que mejor sigue describiendo los 10 siglos de historia de esta viña”. Estación término. Al final, este largo viaje en busca de los grandes blancos españoles tal vez se pueda concentrar en una sola frase; la que nos dijo Pilar Higuero en los límites de Ribeiro: “Los locos abren una senda para que luego marchen por ella los cuerdos”.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Las rutas del vino más visitadas en España.

Las rutas del vino más visitadas en España. Penedés, Jerez, Ribera del Duero, La Rioja... Los datos muestran la potencia del enoturismo en todas las regiones. Ribera del Guadiana. Esta ruta engloba un total de 28 bodegas, así como una interesante lista de museos de diferentes temáticas, en la que destaca el Museo de las Ciencias del Vino en Almendralejo. Almendralejo es el epicentro de esta ruta y también la ciudad internacional del vino. En este lugar el paisaje de viñedos se combina con el rico patrimonio cultural e histórico de la zona. Encontramos en esta ciudad una plaza de toros única en el mundo. Posee una bodega de vinos debajo de su graderío. La enorme riqueza medioambiental y paisajística de la Ribera del Guadiana nos permite además practicar el turismo activo. Ofrece la posibilidad de pasear entre viñedos, hacer rutas en burro o realizar circuitos de aguas termales. Otro atractivo de la zona es su gastronomía, que está compuesta tanto de recetas muy sencillas y tradicionales, como de cocina de autor muy exquisita y vanguardista. Destacan la ternera y el cordero de Extremadura. http://www.abc.es/viajar/top/20130707/abci-rutas-vino-espana-201307031836_11.html