domingo, 22 de mayo de 2011

Los Tastavins de Manacor realizan taller para elaborar vinos parecidos al los del siglo II a.C.

"Bajo los parámetros de calidad de hoy en día, el vino romano probablemente no serviría ni como sangría, pero era otra forma de elaboración y otra finalidad". Así se explica el Arqueólogo Antoni Puig, especialista en la historia romana y sus ánforas comerciales. 
Hace unos meses una de sus disertaciones llamó la atención de Joan Lliteras y Antoni Miquel, presidente y vicepresidente respectivamente de la cofradía de Tastavins de Manacor. ¿Por qué no intentar recrear el vino que bebían los romanos de la isla en el siglo II antes de Cristo y saber en qué se diferenciaría su sabor con el actual?. Dicho y hecho.
"Durante el trascurso de las próximas Fires i Festes, después de las elecciones, organizamos lo que hemos llamado la Taberna Vinaria, el primer taller a nivel insular para aproximarnos, crear y probar el vino de la antiguedad", comenta Miquel ilusionado.
La experiencia será impartida por el experto Benito Baguena, quien ya ha dirigido elaboraciones similares en la península, y estará limitada a las primeras 80 personas que paguen los 10 euros que cuesta inscribirse.
Pero, ¿qué es exactamente aquello que lo hacía especial?. "En primer lugar la forma de ser elaborado, ahora se controla mucho más la temperatura, la limpieza, la selección de la uva y el cuidado y poda de la viña", añade Lliteras, "el romano era una especie de mosto, uva directamente pisada a la que se añadían especias y conservantes diversos como miel, pétalos de flores o incluso agua marina, y se dejaba fermentar al sol. El sabor seguro que será muy diferente". Y es que el antiguo era un vino aspero al paladar y que necesitaba ser rebajado.
"Las mezclas exactas están muy bien documentadas a través de distintas fuentes clásicas, por lo que en teoría no debería ser complicado imitarlo", recuerda Puig, quien insiste en el carácter lúdico que los romanos daban a la bebida: "Aunque en cierta manera pudiera tener un carácter místico o religioso debido a que pocos podían tener acceso a él, el romano no era un vino concebido para los dioses como en el caso de los griegos o los etruscos".
Pero si algo ha impulsado el interés por el líquido en los últimos años ha sido el descubrimiento en la región francesa de el Rosselló, del Mas des Tourelles, una antigua villa romana del periodo de Augusto y de 135 hectáreas de viñedos y con producción propia de ánforas. Su bodega, intacta, ha dado las pistas definitivas.

Tres sabores
Dentro de las variedades de los vinos romanos (en su mayoría tintos), destacan tres por encima de otros, que serán precisamente los que intentará recrear el taller de Manacor: El Mulsum, el Carenum y el Turriculae. Actualmente aún es posible comprarlos en tiendas especializadas o vía internet, por precios que oscilan entre los 7,80 y los 18,80 euros la botella.
"Es muy curioso comprobar, sin embargo, que Mallorca no fue productora de vino hasta la llegada de los romanos pese a que desde hacía ya siglos llegaban cargamentos procedentes de Eivissa; y es que los fenicios ya tenían viñedos allí desde el siglo VI a.C.", comenta Antoni Puig, quien impartirá a su vez una conferencia sobre ello. Junto a él, el catalán Antoni Aguilera hablará de las primeras plantaciones isleñas. Esto será los próximos días 25 y 26 de mayo. 
El 29 del mismo mes, los Tastavins organizarán en el claustro de Sant Vicenç, una cata comentada de vinos de Manacor, a cargo de la sumiller rumana Katarzyna Anna Romanska.
"Para el año que viene está previsto hacer algo similar pero con vinos monacales y de la edad media, para concluir después con los de época moderna y terminar con los contemporáneos", señala Miquel. Todo junto quedará reflejado en un libro. 

Fuente: Diario de Mallorca

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